¿Por qué recordamos las caras antes que los nombres?

Te acuerdas de ese chicho que iba a tu clase, ese que tenía una hermana que trabaja en la tienda al lado de tu casa… si hombre… el que tiene un coche deportivo de color azul, y que va al mismo gimnasio que nosotros…

¿Te suena? Seguro que si.

Pero, ¿Por qué podemos reconocer la cara de una persona sin que nos venga su nombre a la mente?

Para empezar, la cara de mucha información.

Según la psicología del desarrollo, la cara humana atrae nuestra atención desde muy temprano por sus características. Aporta un alto grado de contraste, es tridimensional, presenta tanto movimientos en el interior de la cara como respecto al sujeto que la percibe y tiene unos rasgos constantes (ojos, nariz, boca…) que son muy importantes para el reconocimiento facial.

El echo de si existe un reconocimiento innato de la cara humana o si es algo que vamos adquiriendo con la experiencia todavía es un tema controvertido, y hay diferentes opiniones al respecto.

Pero como hemos dicho, los rasgos faciales revelan mucho a cerca de una persona: El color de sus ojos, del pelo, el tipo de sonrisa…

El cerebro humano ha adquirido unas habilidades que le ayudan a procesar esta información para poder reconocer a las personas, incluso muestra una predisposición para identificar caras en cualquier imagen  formada al azar (una nube, posos del café…).

Por qué vemos caras en las nubes?

Pero, ¿qué pasa con los nombres? Pues que son mucho más simples, una secuencia de letras arbitrarias , que se pronuncian de una determinada forma y que pertenecen a una persona en cuestión.

Como ya vimos en una entrada anterior, para que una información pase de nuestra memoria a corto plazo a la memoria a largo plazo, tiene que hacer un trazo profundo, que normalmente conseguimos por repetición. A veces podemos saltarnos este paso de trabajar la información si se asocia a una emoción fuerte (por ejemplo que el nombre vaya asociado a la persona más guapa que hemos visto jamás), pero la realidad es que esto no sucede de manera habitual…

Así que normalmente debemos utilizar la táctica de la repetición para poder pasar el nombre a nuestra memoria a largo plazo. Pero este método lleva tiempo y esfuerzo.
Además, cualquier cosa que estemos pensando en ese mismo momento en que nos dicen el nombre, o cualquier otra información que nos den puede hacer que la información sea rápidamente reemplazada.

Cuando nos presentan a alguien, es raro que solamente nos diga su nombre y nada más, así que la información que vaya detrás de su nombre expulsará la información anterior de nuestra memoria de trabajo y no podrá ser procesada para pasar a la memoria a largo plazo.

Cuando conocemos bien a las personas, nuestra memoria ha creado conexiones entre la cara y el nombre. A medida que la interacción con la persona se amplia, crece el número de conexiones que vamos creando, con lo que ya no necesitamos ninguna repetición constante del nombre para ser recordado.

5 Curiosidades de la memoria - Escuela de la Memoria

Una de las cosas que diferencia a la memoria a corto plazo y la de largo plazo es que tiene preferencias generales en cuanto al tipo de información que procesan.

La memoria a corto plazo se centra en las características físicas, se centra en procesar información en forma de palabras y sonidos.  En cambio la memoria a largo plazo depende del significado, más que de los sonidos que las forman. Así que será más fácil que recordemos un nombre si la persona nos explica su significado que si solo lo tomamos como un mero estímulo auditivo.

Imaginemos que ya tenemos el nombre y la cara asociada en nuestra memoria a largo plazo.
Pero ahora viene la segunda parte, cuando nos encontramos de nuevo con esta persona o simplemente queremos evocar su nombre porque estamos hablando de él o ella.
El cerebro es una maraña de complejas conexiones. Los recuerdos a lardo plazo están formados por estas conexiones llamadas sinapsis. El cerebro tiene que conectar las diferentes áreas para poder recordar la información.

Cuantas más conexiones tiene un recuerdo más fácil resulta acceder a él. El nombre y la cara de nuestra pareja aparecerá en muchísimos recuerdos por lo que siempre estará accesible a nuestra mente, pero con personas con las que hemos tenido poco contacto, las conexiones no serán tan numerosas y será más difícil recordar su nombre.

Cuando las caras son un puzle: el problema de no reconocer a los demás | El  Correo

Cuando se trata de recuperar información, el cerebro distingue entre familiaridad  y recuperación. La familiaridad es lo que percibimos cuando nos encontramos con alguien y nos resulta conocido. La recuperación es lo que hacemos cuando queremos acceder al recuerdo original, de quién es , y por qué conocemos a esa persona.

Hay una lógica evolutiva en todo esto, ya que el reconocer que algo es familiar es más sencillo y requiere menos energía. En épocas ancestrales nos ayudó a no cometer actos que eran peligrosos una y otra vez.

Umbral de recuperación

Algunos científicos llaman “Umbral de recuperación“ al momento en el que la información del recuerdo que estábamos buscando aparece, ese momento en el que lo que tenemos en la punta de la lengua por fín llega a nuestro cerebro. El recuerdo al que queremos acceder tiene otros interconectados y van disparándose de uno a otro hasta llegar al recuerdo diana. En ese momento que el recuerdo diana recibe la estimulación suficiente, se activa y voila… ya sabemos que el chico del que hablábamos al principio era Pablo.

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