El dilema del prisionero

En nuestra día a día nos movemos en un continuo equilibro entre competir y cooperar. La supervivencia de nuestros ancestros dependía tanto de la cooperación como la competencia. La sociedad en aquella época se caracterizaba por vivir en pequeños grupos, con normas que fomentaban la confianza mutua y la implicación en los intereses colectivos. En la actualidad formamos parte de comunidades mayores pero somos más individualistas.

En psicología social intenta investigar los factores que intervienen en las decisiones sobre egoísmo, cooperación y competición.  Los juegos experimentales más utilizados son los dilemas sociales.

Uno de los más famosos es el dilema del prisionero, reproduce una situación de conflicto de intereses entre dos personas o dos grupos.

El dilema del prisionero

En este dilema se expone la siguiente situación:

“Eres un ladrón y te ha pillado la policía junto con otro compañero cuando ibais a robar un banco. A los dos se os arresta como sospechosos de una cadena de robos. El abogado que os interroga por separado te propone estas dos opciones:

  1. Permanecer en silencio (lo que implica cooperar con tu compañero)
  2. Delatar al otro (traicionarle)

Pero tu compañero tiene las mismas opciones, por lo que:

  • Si solo uno de los dos confiesa, el delator sale libre y el otro cumple 5 años de condena
  • Si los dos os delatáis mutuamente, os cae una condena de 2 años
  • Si los dos respetáis el pacto de silencio solo tendréis que pagar una pequeña multa

Visto así, el mejor resultado para ambos sería el de cooperar (permanecer en silencio), pero si yo me callo y el otro me delata, el resultado para mí será el peor.

La decisión más racional sería la de traicionar al compañero porque así no solo te beneficiarias si el otro coopera, sino que además te proteges por si el otro te traiciona. 
El dilema está en que si ambos os traicionáis mutuamente, acabáis mucho peor que si cooperáis. Aunque todos somos conscientes de lo que conseguimos si cooperamos, la falta de confianza en el otro nos hace adoptar la decisión más conservadora.

La situación cambia cuando se puede ajustar la elección según el comportamiento del otro. En estos casos, la estrategia más eficaz es la de reciprocidad, que consiste en comenzar cooperando, y continuar haciendo lo que haga el contrincante (en plan ojo por ojo).

El dilema del prisionero: Intentando definir el conflicto | Divulgación  Dinámica

Resultados experimentales

Si analizamos este tipo de experimentos sociales, pensaremos que desde el punto de vista racional es mejor buscar el propio interés personal a corto plazo. Sin embargo, los resultados experimentales demuestra que las decisiones favorecen al colectivo entre el 50 y 80% de las veces.

Estos resultados se explican por el “egoísmo ilustrado” el cual refiere que el individuo estará dispuesto a contribuir al bien colectivo siempre y cuando eso le suponga algún refuerzo colateral a largo plazo (por ejemplo: Evitar las críticas, mejorar nuestra conciencia, recibir elogios, aumentar nuestra autoestima).

En la misma línea de investigación, utilizando el dilema del prisionero se ha analizado la diferencia entre el individuo y el grupo (efecto discontinuidad individuo-grupo).  Este efecto trata de que existe una tendencia a que las relaciones entre grupos es menos cooperativa.

Esto para porque a la hora de interactuar con otro grupo las personas mantiene expectativas más negativas sobre el comportamiento del otro grupo que cuando interaccionan con un individuo. Otra de las hipótesis propone que la interacción entre las personas  del mismo grupo hace que éstos se apoyen mutuamente para perseguir el propio interés, algo que no ocurre cuando el juego es individual. La motivación que conseguimos con la fuerza grupal no hace tener ambición por ganar.

El dilema del prisionero es un juego en el que la voluntad de cooperar se puede pagar muy cara, por lo que ha sido estudiado también desde la perspectiva de la empatía (promover la cooperación sin tener en cuanta el coste de la decisión). Los resultados mostraron que los participantes que sentía más empatía por uno de los miembros del grupo tendían a cooperar mas a pesar de perder privilegios.  

Conclusión

En resumen, tras analizar los resultados de estos dilemas sociales se ha demostrado que las personas no siempre persiguen su propio interés cuando tienen que tomar una decisión. Es verdad que la búsqueda del beneficio personal tiene mucho fuerza para impulsar nuestros actos pero afortunadamente existen muchos factores que promueven la cooperación.

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