¿Buena suerte? ¿Mala suerte? Quién sabe

Un granjero vivía en una pequeña y pobre aldea. Sus vecinos le consideraban afortunado porque tenía un caballo con el que podía arar su campo. Un día el caballo se escapó a las montañas. Al enterarse los vecinos acudieron a consolar al granjero por su pérdida. “Qué mala suerte”, le decían. El granjero les respondía: “mala suerte, buena suerte, quién sabe”.

Unos días más tarde el caballo regresó trayendo consigo varios caballos salvajes. Los vecinos fueron a casa del granjero, esta vez a felicitarle por su buena suerte. “Buena suerte, mala suerte, quién sabe”, contestó el granjero.

El hijo del granjero intentó domar a uno de los caballos salvajes pero se cayó y se rompió una pierna. Otra vez, los vecinos se lamentaban de la mala suerte del granjero y otra vez el anciano granjero les contestó: “Buena suerte, mala suerte, quién sabe”. Días más tarde aparecieron en el pueblo los oficiales de reclutamiento para llevarse a los jóvenes al ejército. El hijo del granjero fue rechazado por tener la pierna rota. Los aldeanos, ¡cómo no!, comentaban la buena suerte del granjero y cómo no, el granjero les dijo: “Buena suerte, mala suerte, ¿quién sabe?”.

Reflexión

Hay muchos hechos con los que nos equivocamos al etiquetarlos como buenos o malos. Debemos dejar un tiempo para poder saber con certeza cómo son.

Lo que parece una bendición acaba convirtiéndose en una pesadilla, mientras que lo que parece un revés, nos abre la puerta a una situación que agradeceremos.

Recuerda todas esas veces que te entristeciste, que pasaste muy mal rato por cuestiones que luego no fueron malas. Somos catastrofistas y no sabemos predecir muy bien el futuro. Céntrate en lo que depende de ti y no vivas en un futuro incierto imaginándote cosas que nunca van a suceder.

A mí la verdad es que la frase me gusta y la suelo utilizar. ¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¡Quién sabe!

La suerte

La suerte podríamos decir que es obtener lo deseado en contra de lo probable, y la mala suerte es no obtener lo deseado estando del lado de lo probable.

Si tiro un dado y sale el número que yo quiero, eso es suerte. 1 de cada 6 veces gano, 5 de cada 6 veces pierdo; lo que debería pasar es que perdiera pero por fortuna puedo ganar.

No podemos trabajar para tener más suerte, la fortuna de cada uno viene dada. El azar es inmutable. El problema viene cuando lo probable lo desconocemos y entonces un resultado favorable lo atribuimos a la suerte cuando no necesariamente es.

Si desconoces la probabilidad de acertar el numero en el dado los que apuestan a que no saldrá el número elegido serán vistos como afortunados al acertar muchas más veces. No es fortuna, es desconocimiento.

La fortuna es un factor externo nadie la controla así que no malgastes tus esfuerzos en intentar ser más afortunado inviértelos en descubrir lo probable y así posicionarte en el lado correcto.

Siendo objetivos, sabemos que no podemos controlar nuestra suerte, pero si podemos generar oportunidades para que aparezca. Podemos trasformar la suerte en probabilidad.

Para más información hicimos una entrada sobre tipos de suerte, haz click aquí para leerla.

La suerte según los filósofos

Aristóteles

Para Aristóteles el azar no dependía del hombre ya que tiene una causa superior, oculta a la inteligencia humana. Sucede por excepción, es decir, no sucede siempre ni en la mayoría de las veces y fuera de toda uniformidad. Por lo tanto, el azar queda fuera de lo necesario, es todo aquello imprevisible, contingente.

Aristóteles diferencia azar de fortuna. La buena fortuna es aquella que está en nuestro dominio y el azar a una causa superior, de hecho, podríamos decir que el azar está más ligado con la espontaneidad que con la suerte.

Estoicos

La suerte no existe, los estoicos no creen en el azar, es el simple desconocimiento causal de los acontecimientos.
Si nuestra mente pudiera captar entender todas las relaciones causa-efecto del pasado, podría conocer mejor el presente y predecir el futuro.

Kant

Suerte y azar se activan por causas de la naturaleza que nadie conoce y frente a las cuales el filósofo dice que no se debe interferir. Lo que hay entonces es un “oculto plan de la naturaleza” y este se manifiesta con los guiños que hace el destino.

Al final del día, todo está determinado por los inescrutables designios de la Providencia. El ser humano depende de las circunstancias favorables que le ponga al frente la buena o mala fortuna.

Maquiavelo

La buena o mala fortuna en definitiva sí existen, pero a diferencia de Kant, piensa que es posible resistirse a ellas. Señala que el “destino” gobierna al menos la mitad de nuestras vidas y que, por lo tanto, hay que ocuparse en dominar la otra mitad para no quedar al garete.

El azar solo es contundente cuando no hay voluntad o habilidad para enfrentarlo.

En tanto la suerte es voluble y variable, más vale encontrar la forma de acomodarse a ella. En otras palabras, “buscar el árbol que más sombra ofrezca”.

Schopenhauer

El mundo está gobernado por el azar y el error.  Es el autor de un famoso aforismo que dice: “El azar reparte las cartas, pero nosotros las jugamos”

Schopenhauer está convencido de la voluntad humana es una fuerza de resistencia. No impone el destino, pero sí puede responder a este. Sin embargo, el azar termina determinando aspectos esenciales, como la posibilidad misma de estar vivos. Por lo tanto, la construcción de la felicidad es una ilusión.

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