Narciso y las consecuencias del autoengaño

Narciso

Liríope era una linda ninfa de agua y dio a luz a un bebe muy hermoso, al que llamó Narciso.

Narciso creció protegido por su madre alejándolo de cualquier reflejo. Se convirtió en pastor cuando llegó a adulto. 

La belleza de Narciso era famosa, los jóvenes menos agraciados le envidiaban y las mujeres se sentían atraídas por él. Pero Narciso, parecía insensible al amor que él mismo provocaba y poco a poco empezó a evitar la compañía de los demás.

Un día el joven Narciso vagaba por un bosque, disfrutando del refugio que le proporcionaba la soledad y el silencio, era un lugar pacífico y se sentía muy a gusto. Lo que no sabía Narciso es que en ese bosque vivía una ninfa, la ninfa Eco.

La ninfa había sido castigada por la diosa Hera y era incapaz de hablar, sólo podía repetir la última palabra de la persona que le hablase. El día que vio a Narciso, se enamoró de él. Deslumbrada por su belleza se acercó a Narciso, pero fue ignorada.

El joven descubrió en ese bosque un estanque y se aproximo a él. En la superficie del agua pudo ver un rostro y sin caer en la cuenta de que era su propio reflejo, quedó tan prendado que quiso cogerlo con las manos. Cayó al agua, y no sabiendo nadar, se ahogó.

Eco que seguía contemplando a Narciso, cuando el joven se desvaneció, se refugió en una cueva y el dolor la consumió poco a poco, hasta que solo quedó de ella su voz, el eco.

Reflexión

El relato nos alerta de lo fácil que es centrarse en uno mismo y no ver más allá.

Al otro lado del espejo están personas como Eco, y también esta una visión nueva de nosotros mismos. Todos somos en general más conscientes de lo que recibimos de los demás que de lo que les hacemos llegar.

Esta forma de autoengaño, precisamente por no ser conscientes de ello, hace muy difícil que podamos cambiar.

La mirada, la manera de respirar, la expresión facial, la tonalidad de la voz, los gestos y la postura están transmitiendo, sin que nos demos cuenta, como vemos a una persona y lo que realmente sentimos hacia ella en un momento determinado.

El Doctor Mario Alonso Puig nos cuenta algunas de las consecuencias más características de esta forma de autoengaño en su libro “¡Tómate un respiro!

Consecuencias

Consecuencias de esta forma de autoengaño, sobre todo cuando nos molesta la reacción de la otra persona:

  1. Buscar activamente ampliar los defectos del otro, el que busca encuentra, y vemos bajo una percepción cada vez más negativa.
  2. Posicionarnos como víctimas. Dejar de plantearnos que nosotros, tal vez sin ser plenamente conscientes, podemos haber facilitado este desencuentro por medio de una critica desafortunada o incluso por una interpretación de algo que se nos ha dicho.
    Todos tenemos heridas emocionales que se pueden activar, incluso con el comentario mas trivial.
  3. Dejar de ver al otro como persona y etiquetarle.
    Es un estúpido, es un creído, es una manipuladora…
    Nos olvidamos que las etiquetas solo tienen aplicación con los objetos nunca con las personas.
  4. Intentar corregir a alguien en un momento de tensión.
    Toda corrección es en si misma una provocación. Solo ha de hacerse desde un corazón en paz, y si lo que de verdad se busca es mejorar las cosas y no vengarnos sutilmente haciendo que la otra persona se sienta inferior.

Conclusiones

Es muy importante observarte para ver si te ves juzgando y condenando a otra persona en lugar de rechazando sus ideas y sus acciones que pueden perfectamente no gustarte.

Todo ser humano es mucho más que sus ideas. Te ves envuelto en ese discurso anterior en el que intentas justificar tener razón y que la otra persona este equivocada.

Te sientes superior a la otra persona. Tal vez te sientas más importante, más inteligente, mas bueno o mas santo que ella. Sientes el deseo de controlar o someter a otros para que hagan lo que tú quieres.

Te posicionas en algo en lo que crees a pies juntillas sin intentar averiguar honestamente por que la otra persona ve las cosas de una manera diferente a ti.

Buda decía que cuando nos sentimos ofendidos o provocados por alguien, es como si nos hubieran clavado un dardo. Somos sin embargo nosotros con nuestra reacción de enfado, ira y frustración los que generamos el segundo y tercer dardo. Que podemos incluso clavarlo en alguno de los seres más queridos.

Buda instaba a que después de ese primer dardo no hubiera un segundo o un tercer dardo.

Si desarrollamos la compasión veremos la actuación muchas veces dañina de la otra persona pero también su confusión su miedo y su soledad.

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