Error Humano

Cuantas veces nos pasa el querer realizar un acción y terminar haciendo otra sin darnos cuenta. Llegar a la cocina y no saber a por qué habíamos ido…

Otra de las cosas que nos ocurre puede ser el abrir un paquete de café y en vez de echarlo al filtro, echarlo directamente a donde va el agua. En realidad, en este caso, la acción motora está bien ejecutada, pero el destino de la acción es inadecuado.

Este tipo de errores son debidos a que muchas de nuestras conductas se ejecutan con cierto grado de automaticidad, sin control consciente de nuestra atención.

Muchas de las acciones las llevamos a cabo ejecutando un programa motor, que consiste en un conjunto de órdenes musculares que se activan antes de realizar una acción, así nuestra conducta es independiente de la atención consciente.

En el ejemplo un programa motor erróneo es el responsable de que el café acabe en el contenedor equivocado.

Existe una clasificación de los deslices de la acción llevada a cabo por James Reason profesor de psicología en la Universidad de Manchester

  • Existen deslices debidos a errores en la formación de intenciones
  • Deslices por una incorrecta activación de esquemas
  • Deslices debidos a un fallo para desencadenar esquemas

Ejemplos

Poner crema de depilar en el cepillo de dientes es un fallo en la discriminación.

Abrir una galleta de su envoltorio, tirar la galleta y meternos el envoltorio en la boca es un error de ensamblaje del programa en el que dos acciones de la misma secuencia se confunden.

Otro fallo típico es ir a ponernos ropa cómoda al dormitorio y acabar con el pijama. Esto ocurre porque nuestra acción es capturada por el contexto del dormitorio, y es el contexto el que activa el programa motor más poderoso asociado al dormitorio que es ponerse el pijama.

Los lapsus son debidos al mantenimiento de un plan de acción equivocado (el caso de la cafetera) o bien porque concentramos en exceso nuestra atención en elementos equivocados de un plan o del ambiente (el caso del dormitorio).

Donald A. Norman elaboró una teoría para explicar por qué ocurrían los lapsus.

Nuestras acciones más comunes están basadas en esquemas

Un esquema es un procedimiento generalizado para realizar una acción, que abarca programas motores y reglas de selección de dichos programas

Cualquier acción compleja requiere la puesta en marcha de un número determinado de esquemas, que deben ordenarse adecuadamente y activarse en el momento oportuno. Cuando el esquema de alto nivel se activa, los esquemas de más bajo nivel (cada uno con su función) , se inician automáticamente.

El problemas es que los esquemas más simples son muy numerosos y es necesaria la presencia de algún mecanismo atencional que decida cuales son los más adecuados para la acción que queremos hacer.  

Un ejemplo muy tipo es el esquema de «conducir desde el trabajo a casa». Una vez activo, cualquier desviación del mismo, tal como «pasar a recoger un encargo», requerirá un subesquema separado que debe activarse de manera consciente en su momento oportuno. Como el esquema de conducir al trabajo lo hacemos de manera automática, es fácil que acabemos sin parar para recoger el encargo, ya que una vez que se ha activado un esquema, la atención ya no es necesaria para ejecutar la acción.

Estado de alarma por coronavirus: certificado del trabajo

Norman y Shallice describieron un modelo para explicar cómo se activan los esquemas

La activación depende de dos sistemas

  1. El dirimidor de conflictos: Es el que ordena los esquemas que son necesarios para llevar a cabo una acción según su nivel de activación. 
  2. El sistema atencional supervisor (SAS) Modula al dirimidor en los casos en que la acción a realizar en más atípica. EL SAS puede activar o inhibir un esquema pero no lo puede seleccionar directamente.

Para activar un esquema se tiene que dar un desencadenante. Cuando vamos a hacer algo pero nos despistamos, puede que se active un esquema equivocado por el mero hecho de que las condiciones desencadenantes están presentes en el ambiente (como hemos visto en el ejemplo de ponernos el pijama en el cuarto)

Cuando nos  quedamos con la mente en blanco, tal como sucede cuando olvidamos el motivo por el que hemos ido a nuestra habitación, o cuando olvidamos qué es lo que estábamos buscando, es un fallo ocasionado por una incapacidad para mantener nuestro SAS operativo: si nos falla el SAS, perdemos de vista los objetivos y metas de nuestra conducta y lo que ocurre es que dejan de activarse los esquemas relevantes que dirigían nuestra acción.

El SAS también es el encargado de mantener nuestra atención para no dejarnos llevar por la tentación. Es una especie de personificación de la voluntad: Por ejemplo, aunque por actuación del SAS pretendamos guardar una lata de cerveza especial hasta que llegue un amigo, un lapsus atencional inconsciente puede conseguir que caigamos en la tentación y que nuestro amigo no tenga ocasión de saborearla.

Cuando el SAS no funciona adecuadamente, como sucede en personas con daño en el córtex frontal, la persona presenta incapacidad para cambiar de acción para realizar otra más acertada, cayendo en la perseveración. Asimismo sus conductas serán desorganizadas.

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