En una entrada anterior sobre “navajas” ya comentamos la idea de que la mayoría de nosotros estamos tratando de hacer las cosas de la mejor manera posible.
Lo que propone el principio de Hanlon es lo siguiente:
“nunca atribuyas a la maldad lo que se explica adecuadamente por la estupidez».
En ocasiones podemos sentimos heridos u ofendidos cuando recibimos una respuesta de alguien. Cuando esto ocurre, nos ponemos a la defensiva.
Esta respuesta sucede porque nos dejamos llevar por las emociones del momento y es nuestro propio ego el que distorsiona la lente por la que vemos las intenciones de la otra persona. La mayoría de las veces las demás personas no quieren hacernos daño, simplemente intentan comunicar lo que necesitan o lo que sienten, pero a veces no lo hacen de la manera más adecuada.
Cuando esto ocurre, tenemos que ser conscientes del momento en que nos estamos dejando llevar por nuestras emociones. Si somos capaces de filtrar la comunicación y las interacciones de los demás a través de un pensamiento más compasivo, basado en la idea de que la mayoría de gente no dicen ni hacen las cosas para fastidiarnos, entonces podemos controlar nuestra reacción y apagar el fuego con nuestra compasión, sin avivar las llamas.
“cuando nuestra comunicación apoya la compasión, el dar y el recibir, la felicidad reemplaza la violencia“ – Marshall Rosenberg
