El efecto Lindy

En el mundo actual, nos vemos arrastrados por avalanchas de información.
Quieres aprender muchas cosas nuevas, leer libros nuevos, oír podcast, …

A mí me pasa, pero en un día se publicará más contenido que el que seré capaz de consumir en toda mi vida.
Entre tanta información, teorías, libros e ideas, ¿cómo distinguir lo que es valioso de lo que no, lo que merece la pena respecto a lo que es basura?

El efecto Lindy tiene la respuesta.

Aparece en el libro ‘Antifragil’ de Nassim Taleb y se basa en la observación que hizo el escritor Albert Goldman en 1964, en la que establecía que las expectativas de futuro de un cómico en televisión era directamente proporcional al tiempo que llevaba saliendo en ese medio.

El efecto Lindy, ¿Qué es?

Es una herramienta que ayuda a hacer estimaciones sobre el tiempo de vida que podía durar algo no perecedero.
«cuanto más prolongada haya sido la supervivencia de una tecnología, mayor será el período de tiempo que podemos esperar que continúe existiendo«.

Por ejemplo

Un libro publicado hace 40 años, que se sigue publicando hoy, tiene muchas más posibilidades de que se siga publicando dentro de 40 años que un libro que salió el año pasado.

Un edificio antiguo, el Coliseo Romano o la Gran Pirámide (de 5.700 años de antigüedad), tiene muchas más posibilidades de seguir en pie dentro de 100 años que el edificio en el que estás viviendo ahora mismo.

Una bebida milenaria, como el café, el té, la cerveza o el vino, tienen muchas más probabilidades de seguir bebiéndose en 200 años que el gin-tonic o el Red Bull.

Ejercicios básicos, como las flexiones o las sentadillas, seguramente se sigan practicando en 100 años más que ejercicios con TRX o pelotas medicinales.

– Beethoven o Los Beatles se seguirán escuchando en el futuro más que a Maluma.

Filosofías como la Estoica que tiene más de 2000 años, es probable que se lean más que los libros de autoayuda más vendidos de esta década.

El tiempo filtra todo lo que pasa por su camino. Y dado que no hay nada inmune al paso del tiempo, todo está sujeto a él.

Un ejemplo que propone Taleb en su libro Antifrágil

La experiencia de comer en un restaurante no ha cambiado en casi 2000 años:

Usaré cubiertos, una tecnología inventada en Mesopotamia. Beberé vino, un líquido que ha estado en uso desde por lo menos 6000 años. El vino será servido en vasos, una innovación atribuida a los fenicios. Después del plato principal, tendré una tecnología más joven, el queso artesanal, pagando más por aquellos que no han variado su elaboración en varios cientos de años.

Si alguien en 1950 hubiera imaginado este escenario, habría imaginado algo totalmente distinto. Gracias a Dios, no estaré vestido en un brillante traje sintético de estilo espacial, consumiendo píldoras nutricionalmente optimizadas mientras me comunico con mis compañeros de mesa mediante pantallas.

La comida será preparada usando una tecnología arcaica (fuego) con la ayuda de utensilios de cocina que no han cambiado desde los tiempos de los romanos, excepto quizás en la calidad de algunos metales usados. Me sentaré en un aparato de 3000 años de antigüedad como mínimo, conocido como la silla.”.

¿Curioso no?

Contradicciones

El sentido evolutivo puede estar en conflicto con uno de los principios básicos del argumento.
Si no se pueden dar buenas razones para algo, deberías verificarlo por diferentes fuentes. (Cuestiónate todo, no te creas nada).

La frase «las cosas han sido así durante mucho tiempo» es muy peligrosa.

Imagínate si el alcalde de tu pueblo te razona que se debería seguir tirando la cabra desde el campanario, porque se realiza desde hace cientos de años.
¿Y según el efecto Lindy, cada año se duplica la esperanza de que siga pasando?

En este caso se debería razonar. La sociedad avanza y estas prácticas deberían desaparecer.
Se realizan por razones arraigadas en las partes más oscuras de la naturaleza humana.

Por eso todavía en estos tiempos vemos casos de esclavitud, de asesinato, de violación…

Conclusiones

Tenemos en nuestra cabeza la idea de que lo nuevo es siempre mejor, y por lo tanto lo perseguimos sin descanso.

Esta obsesión es alimentada por la publicidad y el marketing, ayudados de la mentalidad consumista del capitalismo.

Lo vemos en los anuncios que aparecen por todas partes (en la televisión, en la web, en carteles, …)

Ultimo modelo con una pequeña mejora para tu móvil o para tu coche.
Ahora tu televisión con un poco mas de resolución que tu ojo no será capaz de distinguir y con obsolescencia programada.

Lo vemos en la información del telediario que es urgente y no te puedes perder. En la última dieta que ha salido recomendada por un montón de expertos. En la última película que no te puedes perder.

Pero… ¿y si existiera una manera mejor? Una forma de elegir más efectiva, que pudiésemos elegir contenidos de más calidad.

Es simple. Sabiendo que en general, cuanto más antigua sea una cosa, mejor será (porque ha sobrevivido al tiempo), lo único que hay que hacer es consumir cosas que tengan cierta antigüedad. Es algo diferente a la idea de consumir lo más popular.

Técnica que nos puede venir bien viendo la tendencia del marketing. A veces ‘vale todo’ para vender un producto.

No significa que ahora solo veas películas en blanco y negro y que leas manuscritos.
Solo que a veces te cuestiones el conocimiento que quieres adquirir.

Cuestiónate, qué será mejor… ¿Comprar el bestseller que salió hace un mes, o el libro publicado hace 40 años que has oído hablar de el varias veces?

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