Eje intestino cerebro

¿Alguna vez has tenido que correr al baño porque te encontrabas muy nervioso/a?, ¿has sentido mariposas en el estómago al enamorarte de alguien? ¿Has notado un nudo en el estómago al recibir una mala noticia?

Todo esto tiene una explicación, nuestro intestino y nuestro cerebro están muy relacionados y no nos confundimos si consideramos a nuestro sistema digestivo nuestro “segundo cerebro”.

Llamamos al sistema gastrointestinal nuestro segundo cerebro, aunque embriológicamente el sistema nervioso entérico se forma antes que el sistema nervioso central.

La superficie intestinal ocupa unos 200 metros cuadrados. Además, esta superficie está formada por varias capas.  (células intestinales, músculo, sistema inmune entérico,  microbiota, moco). Esta barrera es la que decide qué sustancias pasan a la sangre y qué no. Si la separación de estas células que hacen de filtro es mayor de lo normal, la permeabilidad intestinal aumenta  y eso ocasiona que sustancias que no deben, pasen a sangre, ocasionando inflamación. Es como si en una casa, el cemento que une los ladrillos fallase y eso haría que no estuviera bien aislada.

Si hablamos de intestino hay que hablar de Microbiota.

Microbiota

La microbiota intestinal es un conjunto de los microorganismos compuesto de bacterias, virus, hongos que conviven simbióticamente con nuestro organismo. Se compone de unos 10 billones de bacterias, virus y hongos, que en total suman aproximadamente unos 2 kilos de peso.  Dentro de estos microorganismos se encuentran tanto microbios beneficiosos como perjudiciales pero si se encuentran en equilibrio no producen problemas, en cambio si en algún momento se pierde el equilibrio, se producirá una disbiosis.

La microbiota ayuda en la digestión de los alimentos, producen vitaminas y nos protege contra la colonización de otros microorganismos patógenos. Cada vez más estudios demuestran la relación entre la disbiosis y la obesidad. Se ha observado también que juega un papel importante en la aparición de muchas enfermedades autoinmunes.

Estudios recientes sugieren que la microbiota influencia nuestro estado de ánimo ya que guarda una estrecha relación con la producción de serotonina, un neurotransmisor relacionado con los estados de ánimo. Se ha observado que más del 80 % de la serotonina se produce en el intestino.

¿De que depende nuestra microbiota?

La microbiota es como nuestra huella dactilar, cada uno tenemos la nuestra. Depende de muchos factores.

Del tipo de parto que tuvimos al nacer (en el parto por vía vaginal el niño adquiere la microbiota del canal vaginal de la madre).

Si nos han alimentado con lactancia materna.

Del contacto con los microorganismo que tenemos de pequeños (se ha observado que niños que han crecido en ambientes muy estériles, tienen más alteraciones en la microbiota).
El contacto con animales en la infancia se considera beneficioso.

De la toma de antibióticos en la infancia. Niños con necesidad de tratamientos prolongados con antibióticos presenta más disbiosis.

Comunicación intestino cerebro

El intestino no es un órgano aislado, se comunica con el cerebro formando el eje intestino cerebro. Lo hace principalmente por el Nervio vago: A este nervio se le llama “vago” porque vaga por todo nuestro cuerpo.  Funciona como una especie de autopista que trasmite información entre el intestino y el cerebro.

Controla muchas funciones de nuestro cuerpo. Es el principal nervio del sistema nervioso parasimpático (controla funciones involuntarias, y se activa en situaciones de calma). Interactúa especialmente con el sistema inmune y el sistema nervioso central y cumple funciones motoras en la laringe, el diafragma, el estómago, el corazón.

Como mejorar el tono del nervio vago

Hay numerosos estudios relacionados con terapias centradas en mejorar el tono del nervio vago para mejorar nuestra salud. Entre ellas se encuentran:

  • Meditar. 
  • Yoga. 
  • Mantener relaciones sociales saludables: La estimulación del vago provoca liberación de oxitocina, hormona encargada del apego y la unión con las personas.

En uno de los estudios que valoraba esta relación, se midió el tono del nervio vago a varias personas después de haber estado en una fiesta. La gente que había conectado con más personas y lo había pasado mejor tenía mejor tonicidad del nervio vago.

La información que se trasmite por el nervio vago es bidireccional, de manera que alteraciones en este nervio acarrean una disbiosis y cambios en la microbiota alteran el nervio vago.

Intestino – Sistema inmune

Nuestro sistema inmunitario está presente un 80% en nuestro aparato digestivo, de hecho tiene su propio sistema alrededor de las capas mencionadas anteriormente. Es una red continua desde el esófago hasta el esfínter anal externo localizada en la submucosa. Cuando este sistema inmune reconoce algo que considera extraño lo ataca. Si es algo puntual, con ese primer ataque se acaba el problema, pero si la causa es algún alimento que no toleramos o alguna sustancia que produce cambios en nuestra microbiota, este sistema se activa de manera constante y acaba activando al sistema inmune general, provocando una inflamación crónica de bajo grado.

Cada vez hay más evidencia de que la causa de la depresión puede estar en una inflamación de bajo grado que podría tener el inicio en el tracto digestivo.

Hay estudios en ratones en los que tras trasplantar heces de ratones con ansiedad a ratones sin ansiedad, se ha observado que estos últimos desarrollaban síntomas de ansiedad. Del mismo modo, si se trasplantaban heces de ratones no ansiosos a ratones ansiosos, estos últimos mejoraban la sintomatología.

¿Qué podemos hacer para cuidar nuestro intestino?

Cuidar nuestra alimentación
Prescindir de alimentos ultraprocesados, comer alimentos variados. Evitar las harinas refinadas, azúcar, grasas hidrogenadas. Para alimentar bien tu microbiota debes ingerir una dieta rica en verduras, fruta, legumbres y frutos secos. Los alimentos fermentados es una fuente de bacterias beneficiosas.

Gestión del estrés
El estrés crónico altera nuestra microbiota por diferentes mecanismos. Es necesario un descanso correcto y buscar espacios para nosotros mismos para relajarnos. 

Realizar ejercicio

Autocuidado
Mantener relaciones sociales de calidad. El contacto con otras personas, la sensación de pertenencia a un grupo en el que nos sintamos aceptados y respetados, el reírnos, el compartir experiencias. El agradecer. Todas estas acciones producen hormonas y neurotransmisores que afectan de manera positiva en nuestro intestino en los diferentes ejes que hemos explicado.

Conclusión

En los últimos años la investigación en torno a la microbiota y las diferentes funciones del intestino ha crecido de manera increíble. Los resultados son sorprendentes y hacen que el intestino se haya convertido en un órgano de lo más interesante. Cuídalo mucho.

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