La mortalidad: aceptando la finitud de la vida
¿Qué significa ser mortal? ¿Cómo afecta la mortalidad a nuestra forma de vivir y tomar decisiones?
Esta semana he oído la entrevista de Alex Fidalgo a Jose Mota, y entre muchas preguntas filosóficas que se realizan mutuamente, se centran durante un buen rato en la mortalidad y la inmortalidad.
¿Elegirías ser inmortal si pudieras? Esta pregunta plantea un dilema interesante: ¿preferirías vivir para siempre sin fin o aceptar la finitud de la vida y encontrar significado en el tiempo que se te ha dado?
Esto me recordó a una historia sobre la mortalidad y el filósofo Heidegger, que empieza con la siguiente historia:
Drácula celebra su cuarto centenario como siempre: mirando fijamente la tapa de su ataúd, del todo apático. ¿Para qué levantarse? Ha compuesto grandes sinfonías y pintado conocidas obras maestras. Ha matado a los héroes más valientes y ha amado a todas las Helenas de todos los tiempos. Ha conocido a todas las personas notables y ha mordido a toda clase de humano que haya existido…, pero ¿por qué molestarse más? Los días careen de sentido cuando no hay ningún fin a la vista.

Según el filósofo Alemán Martin Heidegger, el problema de Drácula es que carece de autenticidad. Al ignorar su propia mortalidad, Drácula no puede valorar la magnitud de sus elecciones y decisiones. Su existencia se vuelve falsa y sin sentido.
Llevamos demasiado tiempo ignorando el único aspecto amenazador, inevitable y definidor del ser humano: vamos a morir.
La mayoría de nosotros evitamos pensar en la muerte. Ocultamos la muerte y nos distraemos de todo lo que tenga que ver con ella. ¿Por qué lo hacemos? ¿Es por miedo, por evitar el dolor o simplemente porque la sociedad nos enseña a hacerlo? En cualquier caso, el resultado es que vivimos nuestras vidas como si fuéramos inmortales, lo que nos lleva a tomar decisiones sin considerar plenamente las consecuencias.
Aprender a aceptar nuestra mortalidad puede ser difícil y doloroso, pero es esencial para vivir una vida auténtica. Solo cuando reconocemos la finitud de la vida podemos valorar cada momento y cada elección.
Al aceptar nuestra propia mortalidad, podemos encontrar significado y propósito en la vida. Como dijo Heidegger: «Solo cuando nos apropiamos de la finitud de nuestra vida, podemos vivir auténticamente». Así que, en lugar de temer la muerte, abracémosla y vivamos plenamente cada momento que se nos ha dado.»
Puede que solo nos vemos unas pocas veces más
Seguro que tienes algún pariente o amigo cercano de una edad avanzada que vive lejos de ti. De esos que tienes un gran cariño pero solo ves una vez al año, o incluso una vez cada varios años.
¿Te has parado a pensar que podría ser la última vez que os veáis?
Como también pasa siendo conscientes de que nos vamos a morir (memento mori), no hay que hacerlo para entrar en la tristeza y la desesperanza, sino para ser conscientes y poder disfrutar más intensamente en vida de la convivencia con nuestros seres queridos.
Esta conciencia de la mortalidad y la transitoriedad de la vida puede ayudarnos a dar más significado y propósito a nuestras relaciones y decisiones, y a apreciar las pequeñas cosas de la vida.
