Como percibimos la realidad

Nuestro cerebro es la bomba y pone mucho empeño para ofrecernos un presente gustoso, apetecible y sobre todo coherente.

Cada uno de nuestros sentidos se encarga de preparar la información que captamos del exterior, como si le hiciera una especie de puesta a punto. Lo que hacen los sentidos es filtrar los estímulos y traducirlos en impulsos electroquímicos que nuestro cerebro procesa.

Los ojos captarán aquello que llame más nuestra atención por el tipo de forma, color, nuestras necesidades en ese momento…
Los oídos procesaran los sonidos que tengamos más cerca o los que cumplan ciertas características adecuadas para cada momento. El sabor depende del apetito que tengamos, del momento del día, de donde nos encontremos.

Toda esta información va a parar a nuestro cerebro, quien es el encargado de estabilizarla. Pero finalmente acabamos percibiendo un 0.01% de la información que está a nuestro alrededor.

Aquí es donde se hace la magia. Con esa mínima cantidad de información que hemos percibido nuestro cerebro es capaz de construir la percepción de la realidad. Los estudios hablan de que el cerebro apenas utiliza el 5% de toda la información que llega a nuestros sentidos. Es decir, todas las decisiones y acciones que tomamos en nuestra vida se basan en un 5% de la realidad, ¿como te quedas?

El presente es una corriente integrada de percepción coherente. Ahora que hemos entendido como funciona la percepción de nuestro cerebro podemos entender por qué ante un mismo hecho cada persona tiene opiniones y respuestas tan diversas. La interpretación de cada persona es diferente porque esa mínima parte de información que cogemos de nuestro alrededor puede ser totalmente diferente.

Como funciona el proceso de la percepción

Primera etapa

Lo primero sería convertir esos estímulos internos y externos en señales que el cerebro pueda entender. De esto se encargan los sentidos y las neuronas.

Segunda etapa

La corteza cerebral analiza los estímulos y selecciona los más interesantes.

Tercera etapa

Aquí entran en juego las áreas de asociación del cerebro. Es un proceso inconsciente. Lo que hace el cerebro es asociar la nueva información con la que tenemos previamente guardada para darle un sentido. Si vemos que nuestro jefe está poniendo una cara rara, nuestro cerebro asociará esa cara con otras veces que ha pasado lo mismo y empezarán a entrarnos sudores fríos.

Cuarta etapa

Y por último sería la integración total de la información, así tener una percepción del presente.

La información va entrando a nuestro cerebro en ventanas de 3 segundos de duración, esas ventanas se van clasificando, asociando y comparando con experiencia previas hasta integrarlas en lo que conocemos como presente. Esto es curioso, porque aunque nos entre nueva información cada tres segundos, esto no hace que cada tres segundos modifiquemos la realidad.
¿Por qué ocurre esto? Porque nuestro cerebro echa mano de la memoria. La memoria a corto plazo es la que se encarga de suavizar la transición entre una ventana de información y otra, haciendo de la percepción algo continuo.

La duración de la transición depende de nuestra atención. Si algo no nos interesa en seguida pasará a la siguiente ventana de atención pero si algo nos ha sorprendido mucho, le estaremos diciendo a nuestro cerebro que queremos seguir pensando en eso. ¿Y qué hace el cerebro? Pues seguir pensando en eso por supuesto , ¿y cómo lo hace? Pues inventándose la información. Primero alarga la duración de la transición y después genera una nueva percepción del a realidad con la información procedente de la memoria.

Todos hemos pasado por un primer día de algo, primer día de clase, de universidad , de trabajo… El día anterior es difícil dormirse porque pensamos en todas las cosas que tenemos por delante por descubrir. Pero luego nos vamos adaptando.

Para conseguir esa adaptación, tratamos de asociar imágenes mentales entre la nueva información y los pequeños recuerdos que tenemos guardados en nuestra memoria.

En los primero años de vida, aprendemos mediante estímulos que despiertan el conocimiento esencial. El conocimiento del cerebro universal no ocupa espacio. Tenemos un acceso directo a él. Son cosas que vamos aprendiendo por ensayo-error de manera automática. Cuando un estímulo llega y despierta una nueva habilidad, con el uso, esta habilidad pasa a ser aprendida, pero después, el conocimiento que vamos fabricando lo hacemos por medio de imágenes mentales que requieren la ATENCION para pegarse en el cerebro.

Ejemplo

Dos grupos de estudiantes están pintando en el Tibidabo. Unos son de Londres y otros de Barcelona. ¿Cómo sabemos de dónde son cada uno viendo el dibujo? Los de Londres tienen más tendencia a pintar el cielo de gris, porque la imagen mental que tienen guardada por defecto es de un cielo gris. Cuando nos enfrentamos a algo conocido, nuestro organismo tira de  archivo para ahorrar energía, y nos planta la imagen mental que tenemos guardada. Ocurre lo mismo cuando ya llevamos varios meses trabajando en la misma empresa, empezamos a simplificar acciones para no llegar a casa todos los días hechos polvo. Si un día nos mandan hacer un trabajo nuevo, tendremos que volver a poner atención para crear nuevas percepciones.

La imágenes mentales pueden dar lugar a sesgos, ya que cada uno se las ha creado según sus experiencias y cada uno vemos en mundo de una manera.

Dos personas que miran el cielo y son conscientes de que están viendo su imagen mental y no el cielo, raramente discutirán por tener la razón. El origen de cualquier problema es olvidar que estamos viendo una imagen mental y no la realidad.

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