Beneficios del chismorreo

Hace aproximadamente 70.000 años, el Homo Sapiens empezó a progresar en cosas que le diferenciaron de los demás animales. La mayoría de los investigadores creen que los logros fueron producto de una revolución de capacidades cognitivas relacionadas con nuevas maneras de pensar y comunicarse. No se sabe claramente que las causó, la teoría más compartida es que aparecieron mutaciones genéticas accidentales que cambiaron las conexiones internas del cerebro lo que permitió pensar de manera distinta y comunicarse con un lenguaje nuevo.

No era el primer sistema de comunicación, ya que todos los animales se comunican a su manera para alertar de los peligros.

Pero el lenguaje que desarrollaron los sapiens fue especial porque combinando un número limitado de sonidos y señales pudieron producir un numero infinito de frases con significado distinto. Un león puede alertar de que hay un peligro pero un humano puede decir a sus compañeros que esta mañana, cerca del rio vio a un tigre que tenía unas determinadas características y que se dirigía andando hacia otro poblado.

Otra teoría plantea que nuestro lenguaje evolucionó para compartir información sobre el mundo. El lenguaje evolucionó como variante del chismorreo. Según esta teoría el Homo Sapiens era ante todo un animal social. No solo es importante saber si hay un peligro cerca, sino también que grupo se lleva mal con otro o quién es el que menos trabaja o el que más ha cazado.

Otra de las funciones relacionada con estás últimas sería la de poder descubrir antes a los mentirosos o tramposos. El altruismo y la cooperación son necesarias en nuestra naturaleza para poder sobrevivir, pero también somos muy hábiles en el engaño. Por eso, la evolución ha hecho que tengamos un sexto sentido para captar tramposos y mentirosos y a la vez, poder difundir esa información mediante el cotilleo para que los demás puedan beneficiarse.

El psicólogo evolucionista Robin Dunbar, tras realizar números estudios en torno a este tema, estaría de acuerdo con esta segunda teoría, según la cual , el lenguaje habría evolucionado como medio de favorecer la cohesión del grupo.

La forma de chismorrear o el fin en si mismo puede ser diferente:

Formas y funciones del cotilleo

Nuestra forma de cotillear puede llegar a dañar la reputación de otros si lo que comunicamos es información falsa o sacamos a la luz cosas privadas de la gente.

Por otro lado, el hablar sobre los demás nos permite explorar nuestro mundo social, comprender las normas, descubrir la forma en que los demás hacen las cosas, conocer las intenciones de otros… Esta sería la función social del chismorreo.

Otra de las funciones sería la de sentirnos aceptados en el grupo. El chismorreo es una manera de estrechar lazos. Cuando acabamos de trabajar y vamos a tomar algo con nuestros compañeros de trabajo, es más fácil que acabemos hablando de fulatino o menganita que del ultimo informe que he enviado al jefe, la clase de historia que tengo que prepararar, el último tratamiento que me han presentado en la consulta… Esta es la Función de conexión.

Eshin Jolly, investigador de Neurociencia Afectiva Social Computacional (COSAN), y coautor de un estudio con el profesor asistente de ciencias psicológicas y cerebrales, Luke Chang, realizaron un experimento para saber por qué las personas dedicaban tiempo a intercambiar información sobre sí mismo y la función que esto podría tener.

Los resultados fueron publicados en la revista Current Biology. Se demostró que el chismorreo tenía sobre todo una función social ya que observaron que los participantes que más chismorrearon entre ellos, sintieron una mayor conexión entre sí al final del juego.

Chang afirma: “Al intercambiar información con otros, el chisme es una forma de entablar relaciones… Implica confianza y facilita un vínculo social que se refuerza a medida que se produce una mayor comunicación”.

Otro  estudio de la Universidad del Noreste de Boston (EEUU), publicado en la revista Science, mostró cómo prestamos más atención de manera inconsciente a una cara de una persona sobre la que hemos oído «chismes» negativos.

Es decir, el cotilleo activa zonas del cerebro para que estemos más atentos.

Además, cuando cotilleamos, las  zonas del lóbulo frontal lateral incrementan su función. La amígdala cerebral se activa (dando un matiz emocional a lo percibido) y el giro del cíngulo se ocupa de la interpretación del lenguaje corporal. También se liberan endorfinas.

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