En una entrada anterior hablamos del marcador somático descrito por António Damásio, esa especio de sensación corporal que se basa en nuestras experiencias previas y que nos hace tomar decisiones de una manera más o menos inconsciente.
Damásio afirmaba que los sentimientos son fundamentales para la toma racional de las decisiones. Y así lo comprobó en varios pacientes con problemas en las estructuras implicadas en las emociones, que a pesar de poder realizar las actividades diarias de una manera normal, a la hora de tomar decisiones eran incapaces de hacerlo e incluso de aprender de los aciertos y errores cometidos una y otra vez.
La razón y la emoción van de la mano, el cuerpo y la mente no se pueden separar, y es ahí donde Damasio incide en su libro “El error de Descartes” ya que la dualidad mente cuerpo que Descartes defendió, acaba cayendo por su propio peso.
No se puede hablar de emociones sin hablar de la amigdala, esa zona del cerebro implicada en la respuesta rápida, automática e involuntaria. Esta estructura da significado emocional a la memoria.
Todos hemos sufrido alguna vez un enfado fuerte en el que resulta muy difícil ser racional.
¿Por qué ocurre esto?

Cuando una emoción nos invade nuestra amigdala se activa y consigue “bloquear” la corteza prefrontal, es como si la secuestrara.
Durante ese periodo de tiempo en el que estamos a merced de la amigdala, solo evocaremos los recuerdos que confirmeN y justifiquen la emoción que nos secuestra. A este periodo se le denomina Periodo refractario.
Por ejemplo: Si nos enfadamos con nuestro compañero de trabajo, solo nos vendrán a la mente todas esas veces que hizo mal los trabajos, que no llegó a tiempo, que no te escuchó. Si aparece un recuerdo en el que esta persona hace algo bien, va a ser bloqueado de manera inconsciente.
No es fácil evitar caer en el secuestro amigdalar, pero si que hay cosas que pueden atenuarlo.
La práctica de la consciencia plena en el momento presente ejercita la conexión del sistema que se ocupa de las emociones y la corteza prefrontal, la que nos ayuda a tomar decisiones, a hacer valoraciones más racionales.
Intentemos varias veces al día, estar presentes en los que hacemos, enfocando toda nuestra atención en ese momento.
Aristoteles: “no hay nada en la mente que no haya estado antes en los sentidos»
