¿Te has preguntado alguna vez por qué cuando nos vamos de vacaciones muchas veces no vamos al baño en varios días?
En esta entrada te damos la explicación que hemos sacado del maravilloso libro “La digestión es la cuestión” de Giulia Enders
Para que nuestro sistema de evacuación funcione correctamente deben colaborar estrechamente dos sistemas nerviosos. En un primer momento es el sistema nervioso entérico el que estimula los movimientos del intestino ante la llegada de las heces. Por otra parte, el sistema nervioso parasimpatico actúa para que el esfínter interno se relaje y finalmente la corteza cerebral actúa por los nervios pudendos para relajar el esfínter externo. ¡Menudo lio!

Hay que tener en cuenta que ningún otro animal hace sus necesidades de una manera tan ordenada o influenciada como nosotros, para ello hemos desarrollado varios mecanismos.
El emocionante mundo de nuestros esfínteres
Todos conocemos nuestro esfínter externo, el cual lo podemos activar conscientemente. Si nuestro cerebro considera que no es el momento perfecto para ir al baño porque nos encontramos en la cola del supermercado o en una reunión del trabajo, el esfínter externo escucha al cerebro y se mantiene tan cerrado como puede.
Pero existe un esfínter interno, que tal y como cuente la Dra Enders en su libro, es el representante de nuestro mundo interior inconsciente. A este esfínter no le importa dónde y con quién estemos, solo quiere que nos sintamos bien internamente y desechar lo desagradable de nuestro cuerpo.
Estos dos esfínteres deben colaborar. Cuando los restos de la digestión llegan al esfínter interno, éste se abre de manera refleja pero en vez de mandar toda la “basurilla” hacia delante, le parece más correcto mandar un aviso. Entre los dos esfínteres se encuentran unas células sensoras que cuando llega esta pequeña cantidad de restos se activan, comprueban si es sólido o gaseoso y toda esa información la envían al cerebro.

En este momento es el cerebro quien de manera consciente decide si estamos en la situación correcta de eliminar un gas, de ir directos a la taza del baño o de aguantarnos como titanes. Esta decisión se toma con la información que capta con el resto de los sentidos. Es decir, si visualiza que seguimos en la reunión con nuestro jefe mandará la orden de apretar el esfínter externo.
El esfínter externo lleva a cabo lo ordenado por el cerebro y el esfínter interno respeta lo que hace su amigo. Al cabo de un rato, el esfínter interno volverá a mandar otro aviso a su colega. Si entonces estamos ya en territorio amigo, iremos al baño con total tranquilidad.
¿Qué pasa si el esfínter externo pasa mucho del esfínter interno?
Pues que este último acaba cabreándose. Si muy frecuentemente se le manda al pobre esfínter interno no mandar la basura hacia afuera, se reeducará, y la comunicación entre ambos esfínteres será cada vez peor (como dos amigos enfadados).
Esta es la razón por la que cuando nos vamos de vacaciones podemos pasarnos varios días sin ir al baño. De manera inconsciente nuestro cerebro interpreta que no estamos en la situación idónea para ir al baño y esa información pasa desde el esfínter externo al interno, aunque no seamos conscientes de ello.
Es importante saber cómo funciona nuestro cuerpo para que nuestros dos esfínteres no se enfaden.