Llenar el cubo

Hace un tiempo me mandaron un video de youtube llamado fichas de póker. Era una charla de Rick Lavoie (especialista en educación de niños con capacidades diferentes) en la que hacía un símil entre la autoestima y las fichas de póker  

Cada vez que como padres nos dirigimos a nuestros hijos con cariño, les reconocemos sus logros, les ayudamos en las adversidades, las fichas de póker aumentan exponencialmente. Y eso compensa la pérdida de fichas de póker a las que se enfrentan en el día a día cuando las cosas no salen como ellos quieren, o cuando meten la pata o cuando les tratan mal.

El libro de Tom Rath y Donald Clifton ¿Está lleno su cubo? me ha recordado a este video.

En el libro hablan de la importancia que tienen las emociones positivas en nuestra vida.    

El libro comienza hablando sobre la investigación realizada por William E. Mayer (director de psiquiatría del ejercito de EEUU). Después de la guerra de Corea, Mayer estudió los efectos que había tenido la guerra psicológica que habían sufrido los soldados americanos. A pesar de no haber sufrido tortura físicas, la mortalidad en estos soldados se elevó hasta un 38%. Para lograr estos efectos, los privaron de todo tipo de sostén emocional, se centraron en la autocrítica e hicieron que rompieran la fidelidad y confianza entre compañeros.

Don Clifton decidió estudiar el lado opuesto de la tortura psicológica. Sus investigaciones dieron origen a la teoría del cucharón y el cubo. Este sería el resumen:

La teoría del cucharón y el cubo

  • Todos disponemos de un cubo invisible. Cuando nuestro cubo esta lleno nos encontramos bien, si está vacío nos encontramos mal.    
  • También disponemos de un cucharón que empleamos en las interacciones sociales para llenar o vaciar los cubos de los demás.   

Cuando decidimos llenar el cubo de los demás, conseguimos al mismo tiempo llenar el nuestro.  

La mayoría de las personas nos sentimos mejor y somos más productivas cuando recibimos halagos o estamos rodeadas de individuos positivos. Pero tendemos a fijarnos más y decir las cosas negativas de los demás que en las positivas.  

John Gottman llegó a la conclusión de que existe una proporción mágica de cinco a uno en el equilibrio entre interacciones positivas y negativas.  

Realizaron un experimento con 700 parejas que acababan de casarse. Los investigadores grabaron quince minutos de conversación entre las parejas y registraron el número de interacciones positivas y negativas. Basándose en la proporción mágica de 5/1 predijeron si seguirían juntos o se separarían. Diez años más tarde, contactaron con las parejas y se sorprendieron al evidenciar que había acertado en el 94% de los casos.  

Pero tampoco sería beneficioso tener únicamente interacciones positivas. Una proporción superior a trece contra uno puede hacer disminuir la productividad.  

Daniel Kahneman, científico, economista y ganador de un premio Nobel escribió que cada día experimentamos unas veinte mil situaciones individuales. Normalmente las situaciones neutras no dejan huella en la memoria, son las positivas o negativas las que acabamos recordando.  La memoria está muy vinculada a la emoción.

Hay que tener en cuenta que existen formas únicas y especificas para llenar el cubo de cada uno. Hay momentos que el libro se deja llevar por la psicología positiva y centrarnos únicamente en lo emocional tampoco es la solución.

Se trata de comprender que conocer lo que hacemos mejor nos permite no sólo sobrevivir, sino sentirnos más fuertes frente a las adversidades  

No podemos vivir ajenos a las emociones que nos producen las interacciones con los demás, pero tampoco podemos construir nuestra autoestima y autoconcepto en relación a que los demás llenen o vacíen nuestro cubo. Hay que trabajar mucho nuestro interior para poder utilizar lo que viene del exterior a nuestro favor.

«Un reproche sólo puede hacer daño si da en el blanco. Quien sabe que no merece un reproche, puede tratarlo con desprecio» – Schopenhauer



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