El mundo avanza cada vez más rápido

Jaime Rodriguez de Santiago en su podcast Kaizen nos habla de una historia, que cuenta un tipo llamado Tim Urban:

Imagina que usamos una máquina del tiempo para ir 250 años para atrás, más o menos al año 1750. Por entonces el mundo era muy diferente. No había energía eléctrica y las telecomunicaciones se limitaban a cosas como pegar gritos al otro lado del río o a disparar cañonazos al aire. Imaginad que al llegar allí, agarramos a la primera persona que veamos y nos lo traemos a nuestro presente, para ver cómo reacciona. Le explotaría la cabeza. Para nosotros es imposible comprender cómo se sentiría al ver coches circulando a toda velocidad por las carreteras, al poder hablar con gente que está al otro lado del océano o al escuchar música que se grabó hace cincuenta años…

Todo nuestro mundo sería como brujería para él.

Imaginemos que no se muere del susto, que sobrevive. Que vuelve a 1750 con nuestra máquina del tiempo y que le pica el gusanillo y él también quiere ver cómo otra persona alucina con su mundo Así que decide irse otros 250 años para atrás, hasta el año 1500.

Y hace lo mismo: pilla al primero que ve por ahí y se lo lleva a su tiempo, para que alucine.

Bueno… pues seguro que el tipo de 1500 se sorprendería de muchas cosas. Pero no viviría, ni de lejos, el mismo shock. Porque las diferencias entre el mundo de 1500 y de 1750 no son nada comparadas con las diferencias entre 1750 y nuestra época.

En realidad, para que nuestro amigo de 1750 pudiera sorprender a alguien tanto como nosotros a él, seguramente necesitaría irse muchísimo más atrás. Más o menos, a 12.000 años antes de Cristo.

Tendría que irse a un tiempo anterior a la revolución agrícola, a las primeras ciudades y la propia idea de civilización. Tendría que raptar a un cazador-recolector. A ese quizás sí podría matarle del susto con todo el conocimiento acumulado por la humanidad hasta 1750, con las costumbres sociales, con los barcos, con las ciudades, por supuesto.

Pero vamos a rizar el rizo aún más. Imaginemos ahora que nuestro querido cazador-recolector también quiere hacer lo mismo: agarrar a alguien del pasado al que asustar con su mundo. Pues lo tiene un poco complicado, la verdad. Porque si se va otros 12.000 años para atrás se va a encontrar con gente que vive prácticamente igual que él. Para conseguirlo se tendría que ir mucho, pero que mucho, más atrás. Más o menos, unos 150.000 años atrás, antes de que el uso del fuego o del lenguaje elaborado se generalizara. Casi tendría que buscar un mono.

Todo esto significa que el tiempo necesario para que un humano en cualquier momento de la historia viaje al futuro y pueda morir del susto ha ido disminuyendo con el paso de los siglos. O dicho de otra manera, que el desarrollo tecnológico es más rápido cuanto más adelantada es una civilización.

Entonces…

Conclusión

Pasamos de tiempos en los que tecnologías que transformaban todo, como la electricidad o la máquina de vapor, tardaban generaciones enteras en ser adoptadas, a un mundo en el que en una misma generación vamos a vivir varios cambios de paradigma. Ése es nuestro presente.

¿Que puede pasar en un futuro cercano?

Según Jaime a lo largo de nuestra vida no vamos a tener una carrera profesional basada en los conocimientos que adquirimos en un momento dado, porque la inmensa mayoría de ellos se van a quedar desfasados muy rápido; sino que tendremos muchas pequeñas carreras consecutivas, en ámbitos que no necesariamente estén muy conectados entre sí.

¿Por qué la tecnología avanza cada vez más rápidamente?

Va incrementando exponencialmente de una forma casi imparable.

Hoy se están creando herramientas o métodos para desarrollar otras herramientas más eficientes. Esas mismas herramientas serán utilizadas para crear aquellas de la generación que les prosigue… y así de forma continua. Cada vez son mejores y cada vez están surgiendo más rápido.

A la velocidad de la evolución tecnológica actual, al final del siglo XXI, el progreso logrado equivaldrá no a 100 años, sino a 20.000.

En 1950 se utilizaban las calculadoras manuales, en pesados y rudimentarios aparatos. Treinta años después, ya se disponía de computadoras personales (PC). Hoy, –setenta años después– son muchas las funcionalidades en una laptop. Es capaz de conectarse con Internet inalámbrico, con acceso a la nube para el almacenamiento de archivos y enlazada directamente a las funcionalidades de tabletas y teléfonos inteligentes.

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