El buen soborno

Al primer Ministro le gustaba tenerse por un «tipo muy honrado». Ciertamente despreciaba la corrupción y la inmoralidad en el gobierno, y deseaba dirigir una adminsitración más limpia y honrada.

No obstante, había ocurrido algo que le hacía enfrentarse a un auténtico dilema. Durante una recepción en Downing Street, un hombre de negocios conocido por su falta de escrúpulos, pero contra quien no pesaba ninguna sentencia criminal ni civil, se llevó a un lado al Primer Ministro. Hablándole al oído en tono conspiratorio, le dijo:
«Mucha gente no me aprecia y no respeta mi forma de llevar mis asuntos. Me importa un pimiento. Lo que me fastidia es que mi reputación significa que mi país nunca me concederá ningún reconocimiento honorífico. Estoy seguro de que usted y yo podemos hacer algo al respecto. Estoy dispuesto a ofrecer diez millones de libras para contribuir al suministro de agua potable para cientos de miles de africanos, si me garantiza que se me concederá el título de sir en la lista de honor de Año Nuevo. De lo contrario, me lo gastaré todo en mí mismo»

Le dio una palmada en la espalda al Primer Ministro, le dijo «Piénselo» y desapareció entre la multitud. El Primer Ministro se daba cuenta de que aquello era una especie de soborno. Pero ¿Estaba realmente mal vender uno de los honores más altos de su país cuando la recompensa sería tan beneficiosa?

¿Que opinas querido lector?

Veamos dos maneras diferentes de reducir este dilema: 1-Perspectiva utilitarista. 2-Perspectiva de integridad.

1-Perspectiva Utilitarista

La consecuencia moralmente deseable es la que beneficia al mayor número de gente, el Primer Ministro debería aceptar el soborno. El calculo moral sería que si acepta, miles de personas consiguen agua potable, un rico logra el título de sir y el precio a pagar es que alguno se irrite por que una persona codiciosa y de malos valores sea honrado por la reina.

2-Perspectiva de Integridad

Si partimos de los principios de integridad y procedimiento debido, evidentemente el Primer Ministrod debería resistirse. No se esta cumpliendo el procedimiento adecuado. Si se permite a los ricos comprar títulos y honores, se corrompe el principio de que el Estado otorga sus favores en función del merito y no del dinero que alguien pague.

Dilema

Este dilema en mi opinión es de gran dificultad al sentir fuerza en ambos argumentos. Si van apareciendo más sobornos ¿Existe un momento en el que las consecuencias sean tan abrumadoramente positivas como para que fuese absurdo o incluso inmoral aferrarse rigidamente a una regla?

¿Estamos seguros de que va a cumplir su palabra? ¿Que otras corrupciones seguirán a esta? ¿Por qué no mentir al electorado, si al hacerlo puede lograr su apoyo para realizar buenas causas?

El primer Ministro desea dirigir un gobierno limpio y eso implica mantenerse al margen de cualquier acto de corrupción. Pero tiene que elegir entre mantenerse puro o que miles de africanos consigan agua potable.

Este dilema lo hemos visto en varias series y películas.
Black Mirror en su capitulo, «El himno nacional» hay un soborno en el que un ser muy querido de la familia real, ha sido secuestrada. Para ser liberada su captor exige al Primer Ministro que mantenga relaciones sexuales zoofílicas con un cerdo.

Este tipo de dilemas son fundamentales en la ética y la filosofía política, y no hay respuestas fáciles.

Conclusión

La decisión del Primer Ministro dependería en gran medida de los valores y principios éticos que considere más importantes. Aquí hay dos caminos razonables que podría tomar:

  1. Rechazar el Soborno en Nombre de la Integridad: Si valorara profundamente la integridad, la transparencia y el principio de justicia, probablemente rechazaría el soborno. Aunque esto significaría perder la oportunidad inmediata de proporcionar agua potable a miles, mantendría la integridad del cargo y la confianza en el gobierno. Esta decisión también evitaría establecer un precedente peligroso de que los títulos y honores pueden comprarse, lo que podría tener consecuencias a largo plazo en la estructura ética del gobierno y la sociedad. Además, existe el riesgo de que el empresario no cumpla su promesa después de recibir el título.
  2. Aceptar el Soborno en Nombre del Bienestar Colectivo: Por otro lado, si considerara el bienestar colectivo como el valor supremo, podría decidir aceptar el soborno. Esta decisión se basaría en la evaluación de que el beneficio inmediato y tangible para miles de personas que necesitan agua potable supera los principios éticos relacionados con la corrupción y el soborno. Sin embargo, esta decisión llevaría riesgos significativos, incluyendo la posibilidad de socavar la confianza pública en el gobierno y establecer un precedente dañino para futuras decisiones éticas.

Las dos opciones tienen consecuencias éticas profundas y deben estudiarse cuidadosamente. La decisión final dependería de qué conjunto de valores y principios el Primer Ministro considerara más crítico en su rol, y cómo evaluaría el equilibrio entre los beneficios inmediatos y las posibles consecuencias a largo plazo. Por último, una decisión así no solo reflejaría una elección personal, sino también el marco ético que guía al líder y, por extensión, a su gobierno.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *