Comunicación no verbal

La comunicación no verbal, como su propio nombre indica, es la parte en la que comunicamos sin el uso de las palabras, utilizando herramientas como el contacto visual, las expresiones faciales, los gestos, la postura y el lenguaje corporal. Incluye el uso de señales sociales, kinésica, distancia (proxémica), tono de voz (paralenguaje) y del tacto (háptica).

Según un estudio realizado por el investigador Albert Mehrabine, la comunicación no verbal supone más de la mitad de la comunicación. En una charla unidireccional, el 7% es verbal, 38% es vocal (tono, matices y otras características) y un 55% dependería deseñales y gestos.

En una conversación cara a cara, el componente verbal es un 35% y el no verbal un 65%.

Teniendo en cuenta su importancia, haremos un pequeño resumen de los elementos más importantes que la componen. El conocer estas ideas puede ayudar a potenciar nuestra forma de comunicarnos y reforzar nuestro mensaje

Para ello nos hemos basado en el reciente capitulo del podcast de Jaime Rodriguez de Santiago (Kaizen).

¿En qué nos fijamos cuando mantenemos una conversación?

Cuando vemos a una persona por primera vez, nos formamos una primera opinión en menos de 7 segundos.

Esta idea tiene su base adaptativa, ya que nuestro cerebro más primitivo utilizaba esta capacidad hace miles de años para saber si alguien era amenazante o no y si era un potencial compañero para procrear.

La primera impresión es física. Inicialmente nos fijamos es su aspecto externo.

En la década de los 40, el psicólogo W.Herbert Sheldon, clasificó el aspecto físico humano en tres grupos a los que llamó somatotipos:

  • Ectomorfo: Persona alta y delgada, sin demasiada musculatura
  • Mesomorfo: Persona más musculosa, con poco tejido graso, hombros anchos, cintura delgada
  • Endomorfo: Mayor proporción de grasa, cintura gruesa, estructura ósea de mayores proporciones

Kinésica: El estudio de la postura y los gestos.

Nuestra forma de posicionarnos a la hora de dar una charla o la forma de andar da mucha información.

La postura de la estatua es famosa en los cursos de comunicación no verbal. Se trata de colocarnos rectos, con las piernas abiertas a lo ancho de las caderas y los brazos estirados.

Las posturas encorvadas, con brazos cruzados inspiran cierta desconfianza.

Postura de superhéroe (posición erguida, piernas abiertas, brazos en jarra y mirada al frente) antes de dar una charla: Se trata de un gesto asociado a la sensación de poder. Si mantenemos esta postura dos minutos delante del espejo, le hacemos ver al cerebro que estamos seguros.

Gestos

En los cursos de comunicación no verbal suelen recomendar grabarnos mientras hablamos para ser conscientes de cómo nos movemos y como gesticulamos. Los gestos que realizamos podemos clasificarlos en cinco tipos diferentes siguiendo al clasificación realizada en 1969 por los psicólogos Ekman y Friesen:

Gestos emblemáticos: Tiene una traducción concreta, sin necesidad de utilizar palabras. Por ejemplo: Pulgar hacia arriba para decir que todo va bien

Gestos Ilustradores: Acompañan al discurso, lo enriquecen. Se emplean para representar visualmente lo que se está diciendo y aumentar la credibilidad. Forman parte de nuestra personalidad.

Gestos Reguladores: Utilizados para facilitar la comunicación e interactuar con los demás. Por ejemplo levantar la mano para frenar al interlocutor

Gestos adaptadores: Son los movimientos que realizamos con nuestro propio cuerpo o manipulando algún objeto (abrocharnos los botones, tocarnos el pelo..) Su finalidad es el manejo de las emociones, controlar y disimular nuestro estado emocional.

Gestos manifestadores de afecto: Están más relacionados con la socialización. Nos sirven para comunicar a los demás nuestros sentimientos. Se aprecian por expresiones faciales o movimientos de extremidades.

Contacto visual

De media cuando escuchamos miramos a nuestro interlocutor un 70% del tiempo, cuando hablamos se reduce a un 50%. Lo más correcto sería mantener la mirada unos 3-4 segundos. Si es menos puede resultar esquivo y si es más puede generar inquietud.

La sonrisa

La sonrisa es una de las bazas más importantes que tenemos para generar confianza en nuestro interlocutor. Es algo que genera bienestar pero conforme vamos cumpliendo años sonreímos menos. Estudios demuestran que los niños sonríen una media de 300/400 veces al día, mientras que los adultos lo hacen una media de 40/50.

Podemos provocar nuestra sonrisa. Los movimientos musculares que realizamos al sonreír ponen en marcha la activación de vías neuronales que al llegar a nuestro cerebro, éste lo interpreta como que realmente estamos contentos y genera sustancias que provocan mayor bienestar.

Hay un famoso experimento que trata de hacer que unos individuos sujeten un lápiz con los labios y otros que lo hagan con los dientes. Al sujetar un lápiz con los labios impide gesticular las expresiones emocionales más frecuentes, en cambio al hacerlo con los dientes se genera una sonrisa. Posteriormente ambos grupos tuvieron que puntuar una tira cómica. Los que sujetaron el lápiz con los labios dieron una puntuación menor que los que sujetaban el lápiz con los dientes.

Tono de voz

Otro de los elementos más influyentes de la comunicación no verbal es el tono de voz. Se puede intuir el estado de una persona examinando su tono de voz, incluso en un idioma diferente al nuestro.

El tono de voz más grave se asocia a madurez y genera confianza. Se utiliza en los anuncios publicitarios, aunque si es muy grave puede resultar sombrío.

Un tono de voz bajo da la sensación de escasa confianza y de debilidad.

La forma de hablar con un tono firme nos sugiere que la persona es alguien con autoridad y que sabe de lo que habla.

Modelo calidez/competencia

Este modelo se utiliza bastante para esa percepción previa a esos 7 segundos que se produce por intenciones y habilidades.

En el estudio de psicología del desarrollo, a la hora de estudiar las influencia de los padres en sus hijos, Diana Baumrind categorizó los comportamientos de los padres en las pautas de crianza según dos dimensiones, control y afectividad.

Utilizando esas misma dimensiones podemos entender el modelo propuesto en 2002 por Susan Fiske, en el cual postula que todos los estereotipos grupales y las impresiones que nos formamos de los demás se forman a lo largo de estas dos dimensiones: calidez y competencia.

Este modelos se basa en la noción de que las personas están evolutivamente predispuestas a evaluar primero la intención de un extraño de hacerles daño o ayudarlos (dimensión de calidez) y, en segundo lugar, a juzgar la capacidad del extraño para actuar sobre esa intención percibida (dimensión de competencia).

Por lo tanto, la falta de amenaza percibida predice una evaluación de calidez y los símbolos de estatus destacados predicen impresiones de competencia.

Esto nos hará crearnos nuestras propias opiniones y realizar atribuciones sobre los demás.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *