Tras dos años de pandemia y de llevar las mascarillas de aquí para allá, nos hemos dado cuenta de toda la comunicación no verbal que deriva de nuestra mirada. El sonreír con la mascarilla puesta es todo un reto, pero podemos llegar a diferenciar entre quién está sonriendo de verdad y quien lo hace de manera forzada.

¿Por qué ocurre esto?
La diferenciación entre una sonrisa sincera y una falsa la descubrió Guillaume Benjamin Amand Duchenne, conocido como Duchenne de Boulogne. Fue un médico e investigador francés que realizó sus investigaciones a mitades del siglo XIX
Llego a mantener correspondencia con Charles Darwin, quien incluyó varias de sus fotografías en su libro “La expresión de las emociones en el hombre y los animales” publicado en 1872.
Sus experimentos eléctricos le permitieron concluir que una verdadera sonrisa de felicidad está formada no solo por el empleo de los músculos de la boca sino también por los de los ojos. Dado que fue él quien lo descubrió, a este tipo de sonrisa se le denomina “Sonrisa de Duchenne”
La maquinaria neurológica que se pone en marcha para el control de la musculatura facial en la verdadera sonrisa (emocional) es diferente a la maquinaria que se utiliza cuando sonreímos de manera voluntaria (no emocional).

La sonrisa verdadera está controlada desde el cerebro más primitivo, el sistema límbico y corteza cingulada.
Pero la sonrisa forzada se controla desde la corteza motora y la vía piramidal.
Esta es la razón por la que tenemos dificultad a la hora de sonreír cuando nos hacemos fotos, y la sonrisa no nos queda igual que cuando reímos de manera espontánea.
En la sonrisa real se contrae de manera involuntaria y combinada el musculo cigomático mayor y el orbicular palpebral inferior
De manera voluntaria podemos contraer el músculo cigomático, pero no ocurre lo mismo con el orbicular palpebral inferior, que solo se activa de manera involuntaria.
Duchenne describía a los músculos orbiculares como “las dulces emociones del alma”.
