En nuestro día a día somos bombardeados por frases del tipo “si quieres, puedes”. Las vemos en redes sociales, en libros, en el deporte, en la industria de la autoayuda.
Pero son frases muy simplistas que pueden conseguir el efecto contrario al deseado.
Vamos a analizar tres puntos para darle la vuelta a esta frase.
Ley de la atracción vs ley de la acción
La ley de la atracción (popularizada por el libro “el secreto”) se divide en tres pasos
- Pide lo que quieres
- Escríbelo en un papel en tiempo presente
- Para que se cumpla debes estar en consonancia con lo que deseas, comportarte como si ya lo hubieras conseguido
En cambio, la ley de la acción consiste en ser proactivos, en formarnos, en ir construyendo circunstancias para identificar oportunidades que nos hagan crecer.
«No esperes oportunidades extraordinarias. Aprovecha cualquier ocasión, por común que parezca y hazla grande. Los débiles esperan sus oportunidades, los fuertes las crean». Orison Swett Marden
Ser persona reactiva vs proactiva
En el libro “Los siete hábitos de las personas realmente efectivas” Steven Covey clasificaba a las personas según su actitud y sus hábitos hacia los acontecimientos.
Las personas reactivas no se sienten libres de elegir, esperan a que se les diga lo qué hacer y ver, carecen de iniciativa, esperan que las cosas ocurran, sin adelantarse a las circunstancias.
No suelen tener los objetivos muy claros y si algo sale mal, la culpa la focalizan en los demás.
En cambio, las personas proactivas toman la iniciativa, tienen ideas propias, se arriesgan y aprenden de los errores, ya que hacen autocrítica y analizan lo qué pueden mejorar.
La gente proactiva actúa con una intención propia, no a partir de eventos externos.
Implica tener un locus de control interno, considerando que los resultados dependen no solo de factores externos, sino también de tus propias acciones.
La proactividad está relacionada con la creatividad y la imaginación.
Si quieres saber más sobre personas proactivas y reactivas haz click aquí.

Dicotomía de control: Lo que depende de mi y lo que no depende de mi
En el proceso de conseguir una meta, o un propósito, nos encontraremos con cosas que no van a estar bajo nuestro control y que por mucho que queramos, puede que no podamos conseguirlas.
Hay que saber diferenciar lo que depende de nosotros y lo que no, para no caer en frustraciones inútiles.
Si quieres saber más sobre a dicotomía del control haz click aquí.

Realmente ¿Puedes?
Si nos fijamos en gente exitosa, que han conseguido lo máximo en su carrera profesional, en un deporte o en otro ámbitos de la vida, podemos caer en el sesgo del superviviente. Tendemos a fijarnos en las personas o los elementos que han superado una meta o un umbral, obviando todos aquellos que no lo superaron. Este sesgo nos puede dar la sensación que algo es más fácil de conseguir de lo que realmente es.
