¿Alguna vez has intentado llamar a un gato? Ese peludo ser se pasea a su antojo y, cuando decides ignorarlo, de repente aparece en tu regazo, ronroneando. En su libro y conferencias, el filósofo contemporáneo Fabián C. Barrio ofrece esta misma comparación para la felicidad. Como él explica, vivimos en una sociedad que nos invita a buscar la felicidad en todas partes: en las películas, en la publicidad, en los libros de autoayuda. Pero Barrio lo ve como un error de enfoque.
“La felicidad no es un lugar en el que puedas vivir; es un sitio que puedes visitar de vez en cuando. Depende fundamentalmente de los demás y es muy personal. Lo que te hace feliz a ti no tiene por qué hacer feliz a otra persona” – Fabián C. Barrio
La idea de que la felicidad es como un gato también aparece en las reflexiones de C. S. Lewis, quien sugería que los mejores momentos de alegría y paz llegan cuando estamos ocupados en algo que amamos, no cuando la perseguimos activamente. La filosofía de Barrio sigue esta línea y se centra en la eudaimonía, ese “florecimiento” personal que los griegos consideraban como el verdadero bienestar.
De Epicuro a Barrio: El Valor de la Eudaimonía
Barrio señala que los antiguos griegos, en lugar de obsesionarse con ser “felices”, buscaban la eudaimonía: una vida plena, marcada por la serenidad y el propósito. Epicuro, por ejemplo, nos enseñó que la plenitud llega cuando reducimos nuestros deseos y nos rodeamos de lo esencial. Al igual que el gato que llega cuando se le da espacio, la eudaimonía aparece cuando dejamos de presionar.

El Error del Siglo XXI: ¿Demasiado Enfoque en la Felicidad?
Según Fabián, nuestro tiempo está obsesionado con perseguir una felicidad ininterrumpida y perfecta. Sin embargo, esta búsqueda puede convertirnos en prisioneros de un estado inalcanzable. Barrio nos invita a cambiar el foco y centrarnos en vivir bien, en disfrutar el proceso, sin la presión de un estado de felicidad “perfecto” que, al final, viene y va.
La Lección Final: Disfruta de las Visitas de la Felicidad
Quizás deberíamos dejar de perseguir a la felicidad, darle espacio y tiempo, y en su lugar, enfocarnos en una vida bien vivida. Como un gato, la felicidad es independiente y caprichosa; si la llamas demasiado fuerte, probablemente se irá al rincón más alto. Pero si la dejas tranquila, es probable que, un día, sin previo aviso, se te suba al regazo y te regale un momento único de calma.
