El lenguaje es algo que la gran mayoría de nosotros podemos usar sin ser realmente conscientes del alcance real que tiene.
El lenguaje mantiene estrechas relaciones con diversos procesos psicológicos, como la atención, la memoria o el razonamiento.
La primera persona en plantearse cómo el lenguaje modifica el pensamiento fue Benjamin Whorf; postuló que la gramática y el léxico de un idioma determinan la percepción del mundo.
Las palabras lo que reflejan son procesos mentales. Si nosotros entendiésemos que el lenguaje tiene una cualidad energética, nos tomaríamos mas en serio las palabras que usamos, las expresiones que utilizamos para definir las cosas o a nosotros mismos.
Los límites de mi lenguaje son los limites de mi mundo (Ludwing Wittgenstein)
Las palabras que utilizo, la narrativa que me envuelve, lo que me cuento sobre lo que soy yo, los demás o el mundo, tiene la capacidad de limitar o expandir mi percepción de lo que hay.
«Vivimos atrapados en un mundo lingüístico pensando que eso es la realidad y eso solo es el mapa no el territorio.
Cuando una persona amplia su lenguaje y expresiones, es capaz de reinventar ese lenguaje, expande su mapa y conoce más territorios.» Mario Alonso Puig
Usar con asiduidad expresiones como ‘es que’ nos lleva a un mundo de victimismo con limitaciones.
Tendemos a buscar justificaciones para no dar el paso en la realización de tareas que requieren esfuerzo.
Cuándo vamos a realizar tareas que no hemos hecho nunca, que son difíciles o que están fuera de nuestras competencias, es fácil para nuestro cerebro buscar una excusa y quedarnos tranquilamente en el sofa.
Basta con ajustar el lenguaje, cambiando el ‘es que’ por el ‘hay que’ o el ‘tengo que’ por el ‘voy a/quiero‘ para que nuevos procesos mentales se pongan en marcha.
Por ejemplo
-Es que no soy lo suficientemente inteligente. -> Hay que estudiar para conseguir los conocimientos.
-Es que no lo he hecho nunca, no voy a saber hacerlo. -> Hay que intentarlo varias veces hasta conseguir dominarlo.
-Tengo que preparar lo comida. -> Voy a preparar la comida
-Tengo que ir al gimnasio -> Quiero ir al gimnasio.
Estudios
Hay varios estudios demostrando que la simple exposición a palabras negativas generan cambios hormonales en las personas.
Expresiones como: No hay salida, túnel, desesperanza, angustia, … producen un aumento en los niveles de cortisol, la hormona propia en estados de distres (el estrés que nos deteriora).
Ejemplos
Un futbolista que tiene que lanzar un penalti, si empieza a pensar, lo voy a fallar, lo voy a fallar, es mas probable que no anote el gol que uno que esta concentrado pensando que lo va a meter.
Una persona que piensa que ‘solo tiene 30 minutos para realizar un trabajo’ es posible que no le de tiempo. En cambio si reemplaza la expresión a “aún me queda media hora”, automáticamente empieza a producirse un estado de serenidad, confianza, y es más probable que le de tiempo a realizar el trabajo.
Nuestro lenguaje tiene impacto en como vivimos la línea de tiempo.
Tened cuidado con el lenguaje que nos anula y promoved el que nos motiva y nos impulsa.
